Frankie se
encuentra con Doraemon
Franike,
triste, sale de casa de Sidney. Tenía ganas de chillar pero no podía
porque había mucha gente en la calle. Le daba vergüenza. Sin saber
que hacer, se echo a correr. No sabía dónde iba. Ni si quiera sabía
porqué corría de esa manera.
Llegó a un parque de niños. No había ni una sola persona. Parecía un
parque abandonado, como en las películas. Se sentó en un banco.
Frankie tenía sueños, así que sin darse cuenta se durmió.
Al
cabo de dos horas se despertó sobresaltado. Miró al frente, veía
que un figura azul se acostaba hacia él. El chaval se asusto. Pero
cuando miró fijamente, vio que era un personaje que amaba. Que de
pequeño siempre lo veía en la tele. Frankie se puso muy contento.
Era Doraemon.
-
He venido desde el futuro para ayudarte- dijo Doraemon contento.
-¡Pensaba
que no eras real!- dijo Frankie sorprendido.
-
Todos lo piensan. En mi mundo está prohibido que los humanos sepan
la existencia de los robots del futuro.
-
Pero hay una cosa que no entiendo. ¿Porqué me quieres ayudar?
-
Porque los niños de tu edad no tienen que preocuparse por tantas
cosas. Y en eso te ayudare.
Los
dos se sentaron en un banco. Después de una larga conversación
llegaba la hora de la verdad. Doraemon como siempre en sus series,
sacó un aparato mágico.
-
¡El tranquilator! Este aparato te servirá para quitarte las
preocupaciones de encima. Solo tienes que pegar esta pegatina en tu
espalda y ya te podrás olvidar de los problemas.
-¡Anda!
¿Pero estás seguro que funciona?
-Nunca,
ningún aparato me ha fallado así que estate seguro que va ha
funcionar.